INTRODUCCIÓN

Uno de los objetivos fundamentales de la música, propuesto en diversos escritos, tratados y composiciones del siglo XVII y XVIII, era producir emociones en la audiencia, lo que habría sido posible de conseguir mediante el uso de diferentes figuras retórico-musicales como medios de persuasión. De esta manera el estudio de los elementos técnicos con los que contaban los compositores de la época cómo contrapunto, bajo continuo, modos y metodología de la composición adquirieron un rol preponderante en el proceso creativo, lo que denominaron "Música Poética" o ars compositionis. En palabras simples, el arte de la composición musical. En el barroco, además de la “Música Poética” coexistían otras dos disciplinas que se ocupaban de otros ámbitos de estudio: la “Música Teórica” de la especulación teórica, casi filosófica y la “Música Práctica” de la interpretación o plasmación sonora.

La estética de la música barroca consiguió una relevante unidad estilística basada en el concepto de “afecto” o “pasión del alma”. Un afecto (del griego ‘pathos’ y del latín ‘fectus’), para un filósofo, literato o músico del siglo XVII consistía en un estado emocional o pasión racionalizada , esto último entendido como la capacidad de organizar los estados emocionales de forma jerárquica. A partir del siglo XVII, la representación de los afectos se convirtió en la necesidad estética de la mayoría de los compositores barrocos, independientemente de su nacionalidad. Durante el período barroco, el objetivo de compositor, así como el orador, era despertar en el oyente estados emocionales correspondientes a las definiciones de los afectos: tristeza, odio, amor, alegría, ira, dudas, etc.; y cada aspecto de la composición musical reflejaba este propósito, el cual se consideraba inherente a la composición musical, y en particular a la relación entre la música y el texto . Debe enfatizarse que componer música con una unidad estilística y expresiva basada en un afecto era un concepto racional y objetivo. Asimismo, la música en su formato escrito, aún sin ser escuchada ya poseía una “carga afectiva” integrada en la composición, haciendo que la música no fuese sólo un simple fenómeno acústico sino un acto de comunicación a través del lenguaje musical.